S.O.S. – Pida ayuda

Hay una llamada de socorro internacional que todo el mundo conoce y puede identificarse con mucha facilidad. Usted la conoce; con suerte nunca tendrá que usarla. Es corta, solo tres letras: S.O.S. Imagínese un barco que se hunde y cuyo capitán solo envía un S.O.S. O a un náufrago en una isla, que solo escribe esas letras en la playa el primer día. O el telegrafista que golpea esas letras una sola vez. Ridículo, dirá usted. Y es correcto, el S.O.S. debe continuar hasta que llegue la ayuda. El S.O.S. eficaz continúa hasta que la emergencia haya sido atendida adecuadamente.

Como líderes, muchas veces somos reacios a pedir ayuda. Rehusamos hacerlo debido a nuestro orgullo, nuestra posición o nuestro temor. Creemos que no podemos mostrar debilidad ante nuestro equipo, que tenemos que ser líderes fuertes, que tenemos todas las respuestas, todas las habilidades. Presionamos nuestro S.O.S. una vez y nunca más. Y con eso, como el capitán de barco que solo envía un S.O.S., vemos nuestros sueños y visiones hundirse hasta el fondo del mar, perdidos.

Como afirma John C. Maxwell en Las 21 leyes irrefutables del liderazgo: «Cuanto mayor sea el sueño, mayor será el equipo». Usted no puede soñar en grande y esperar hacerlo todo solo. Como líderes tenemos que reconocer tres razones por las que debemos continuar pidiendo ayuda. Tres razones por las que debemos poner a un lado nuestro orgullo, nuestra posición y nuestro temor:

  • Reconocer que usted no puede hacerlo solo.
  • Reconocer que necesita los talentos de otras personas.
  • Reconocer que hay quienes quieren ayudarle.

A fin de cuentas, soy solo tan bueno como la gente que me ayuda a cumplir la visión que Dios me dio. Soy mejor puesto que otros me ayudaron. Puedo hacer más con otros cuando les pido que me ayuden.

  • ¿A quién necesita pedirle ayuda?
  • ¿Qué talentos tienen los demás que usted necesita?
  • ¿Está dispuesto a permitir que le ayuden?

Un ejemplo breve. Hace dos semanas una dama de mi iglesia solicitó ayuda. Quería alimentar y vestir a las familias menos afortunadas que están sufriendo económicamente en nuestra comunidad. Nos dijo: «Yo no puedo hacerlo sola. Necesito la ayuda de ustedes para impactar a nuestra comunidad». El siguiente sábado, más de cien voluntarios se presentaron para ayudarla a hacer su sueño realidad.

  • Se distribuyeron más de 10,000 libras de alimentos a 180 familias.
  • Útiles escolares para 150 familias.
  • Se les cortó el pelo a más de 50 estudiantes.
  • Se les dio ropa a más de 100 estudiantes.

Todo porque una señora dijo: «Necesito su ayuda. Ayúdenme a cumplir el sueño que Dios me dio».

Cuando pedimos ayuda, las labores se facilitan, las montañas son más bajas y los océanos no son tan anchos. Los sueños se hacen realidad.

¿En qué necesitas pedir ayuda hoy?