Seis consejos rápidos para aliviarse el estrés

Las preguntas exigen respuestas. Las respuestas que solían esperarse semanas por correo, ahora toman solo una fracción de segundo. Seamos realistas, estamos corriendo más rápido y trabajando más duro y más horas que nunca antes. Exigimos más de los demás y, a la vez, a nosotros también se nos exige más. Nos enfrentamos a plazos (o fechas límite), respuestas, presupuestos, preguntas, relaciones interpersonales, actitudes y, lo peor de todo, al cambio. La acumulación de todo ello es más de lo que podemos manejar, por lo que nos llenamos de estrés.

A veces el estrés puede ser bueno. De hecho, me gusta un poco de estrés. Porque me obliga a tomar decisiones firmes con rapidez y me permite aclarar asuntos antes de lo previsto. Pero, si no controlo el estrés en mi vida, la cosa se pone fea. Tiendo a paralizarme, a perder el enfoque y a dar respuestas breves y ásperas. Y si dejo que el estrés se me salga de control, casi siempre termino hiriendo a otros, tanto como a mí mismo.

Por tanto, ¿cómo podemos nosotros cual líderes aliviar nuestro estrés en maneras saludables?

Durante el último par de semanas, un colega y yo, hemos estado hablando sobre el estrés y en cuanto a cómo aliviar el que sentimos. Así como tratamos con diferentes plazos y asuntos, ambos lidiamos con el estrés de manera distinta.

A continuación les presento algunas maneras con las que trato el estrés. Espero que también puedan ayudarle a aliviar algo del que usted sufre en su lugar de trabajo.

Cortar el césped del jardín. Me encanta cortar el pasto, porque solo estamos el patio, mi cortacésped y yo. Puedo ver resultados inmediatos en mi trabajo y tengo dos horas de meditación sin interrupciones para hablar conmigo mismo acerca de los asuntos en los que estoy trabajando.

Escribir. Cuando estoy muy molesto y estresado por algo, me encanta fingir que estoy escribiendo un correo electrónico y que desahogo mis frustraciones. Lo escribo todo, lo borro, lo escribo de nuevo y luego lo leo todo de una manera fresca. Muchas veces lo leo completamente y me río de lo estúpido que debo lucir al estresarme por nada. (Nota: Asegúrese de no tener escrito el nombre de alguna persona en la dirección del receptor del correo electrónico, ni en el espacio donde se escribe «Con copia a»; déjelos en blanco, por si acaso lo envía accidentalmente.)

Reírme. Hágase el tonto y ríase de usted mismo. Mi amigo, Tod Shuttleworth, y yo lo hacemos a menudo, en especial cuando viajamos. Trabajamos muy duro, pero también sabemos que tenemos que hacernos reír uno al otro.

Ejercitarme. Salgo a caminar. Me levanto, en el interior de la oficina, y camino hasta el otro lado del edificio, luego me devuelvo. El rápido cambio de escenario me permite reenfocarme cuando regreso a la oficina.

Unas vacaciones de dos minutos. A veces apoyo mi cabeza hacia atrás, cierro mis ojos y recuerdo algo que me haga sonreír. Puedo escapar y encontrar un «lugar feliz» que me permite disminuir el ritmo cardíaco en el momento en que abro mis ojos de nuevo.

Organizar mi escritorio y mi pizarra. Me deshago de las cosas que se me han acumulado. En el momento en que las puse ahí me parecieron importantes y lo son mientras estén en mi escritorio. Pero ahora, tres semanas más tarde, al revisarlas todas me doy cuenta de que ese problema está resuelto. Y hago lo mismo con mi pizarra, la borro y bosquejo un plan.

Pruebe una de estas sugerencias la próxima vez que se encuentre bajo estrés. Me encantaría saber qué le dio resultado o si tiene un secreto para aliviar el estrés.

Por días menos estresantes, mis amigos.