Soy un buen jefe, entonces, ¿por qué a veces actúo como uno malo?

Estoy leyendo un nuevo libro de Nicole Lipkin llamado: ¿Qué mantiene a los líderes despiertos en la noche? En su obra, Nicole trata diversos aspectos de las cosas que hacen que algunos líderes se preocupen, o lo que les quita el sueño, cuando los demás duermen. Me encantaron algunas de las preguntas que ella planteó, como:

  • ¿Por qué a veces me siento amenazado por mi mejor gente?
  • ¿Cómo puedo asegurarme de que me escuchen?
  • ¿Cómo logro lidiar con más cambios?
  • ¿Por qué he perdido tantos buenos empleados?

Quizás podamos abordar algunas de esas cuestiones en un blog posterior o tal vez pueda usted comprar su libro y estudiarlo. Cada una de estas interrogaciones son solo la punta del iceberg en cuanto a las cuestiones que los líderes se plantean a sí mismos. Preguntas que, si se dejan sin respuesta, mantendrán a los líderes despiertos por la noche.

Pero Nicole también se ocupa de la pregunta que muchos líderes se autoformulan: Si soy un buen jefe, ¿por qué, entonces, actúo a veces como uno malo? Como ve, aun los buenos y hasta los grandes líderes cometen errores, e incluso decepcionarán a otros y a sí mismos en algún momento. Ninguno de nosotros está libre de ser un mal jefe ocasionalmente. ¿Por qué ocurre eso?

Hay tres causas esenciales que transforman temporalmente a un buen jefe en uno malo. Son comunes y no tan aisladas como se pudiera pensar. Veamos un par de preguntas para ayudarle a pensar bien sobre cada causa.

El buen jefe que se vuelve demasiado ocupado como para ganar.

  • ¿He perdido de vista el objetivo?
  • ¿He tomado trabajo extra pensando que puedo hacerlo mejor?
  • ¿Me he resistido a delegar el trabajo porque quiero agradar a mi gente?

El buen jefe que es demasiado orgulloso como para ver.

  • ¿Tengo ideales que me niego a abandonar a cualquier precio?
  • ¿Me niego a escuchar a los demás?
  • ¿Confío únicamente en mi éxito anterior y me vuelvo orgulloso?

El buen jefe que se vuelve demasiado temeroso de perder.

  • ¿Me preocupa excesivamente no poder conseguir el resultado correcto?
  • ¿Cuestiono y pienso dos veces todas las decisiones?
  • ¿Evito las decisiones y los compromisos que puedan causar un error?

Lea la lista de nuevo. ¿Se ve usted en alguna de las preguntas que formulé? Haga un recuento de sus acciones en las próximas semanas. Esté consciente de sus pensamientos y de la forma en que responda a las preguntas. Si somos honrados con nosotros mismos, podemos evitar cometer los errores que nos convierten en malos jefes.

Nuestros empleados se merecen lo mejor de nosotros, nosotros también.